Donde Pongo La Vida Pongo El Fuego

Comunicar significa, según el diccionario de la RAE, repartir, formar parte en algo, tener en común. Esta preposición es fundamental para entender su concepto, porque es muy distinto partir algo para otro que partirlo con otro. Comunicar acarrea participar de un cosmos y cotidianidad común, piensa reciprocidad. Quien comparte se hace compañero y compañera, no ayudante ni bienhechor.

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La musicalización solo piensa una mínima perturbación textual, entre los versos ocho y nueve del poema original, y repeticiones de versos. Los v. 11 y 12 detallan una construcción paralelística en la que se expresan las consecuencias a que va a dar lugar el género de opción «nunca» o el de la opción «siempre», identificada otra vez con el amor, con la primavera en su acepción de plenitud escencial.

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De esta forma, fue pasando de ser un hombre de acción a un hombre de relación, especialista en oír y sostener a la gente. Hasta hace un mes y a sus 91 años, daba semanalmente catequesis dialogadas de formación bíblica a un pequeño grupo de mayores del Buen Samaritano. En el primer cuarteto se prueba un elaborado desarrollo constructivo a base de anáforas («Donde»), disposiciones simétricas (expresiones bimembres como «pongo la vida, pongo el fuego»; «tengo el amor, tengo la herida») y paralelismos (V. 3 y 4). Compartir es alteridad y reciprocidad que nos hace vivir perdiendo el miedo a enseñar la propia vulnerabilidad y a reconciliarnos con ella, por el hecho de que somos constitutivamente atacables.

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Compañero y compañera vienen de “cum panis”, palabra que evoca comer el mismo pan, es decir, formar parte de la misma vida, del mismo sueño. Su vida nos recuerda a todos que “la persona es lo primero”, como decimos en la HOAC. Debemos cuidar los encuentros como algo primordial y prioritario en nuestra vida. Porque cuando nos encontramos libres a la relación todo se transfigura como asegura Violeta Parra, “lo diario se regresa mágico”. El cura Amalio nos impulsa a todos para “que la vida no me viva”, sino que yo la viva consciente y agradecidamente en todos y cada hecho. Con pasión por la acción evangelizadora y apostólica, Amalio fue conociendo que lo más esencial que quería hacer en su historia era acompañar a la gente y eso le llevó a des-programar su agenda para tener tiempo disponible para la multitud.

Y que nuestra vida, como la suya, esté encendida por el fuego del amor solidario y la promesa mucho más firme. Ángel González adopta un tono confesional muy apasionado; pero sin el dramatismo de la poesía popular ni el escepticismo y también ironía de otros versistas de los años 60, mucho más bien con una energía inalterable frente a los embates de la vida. El poeta nos ofrece una declaración de principios ya que muestra su voluntad de seguir asumiendo todos y cada uno de los problemas que se le presenten con buen ánimo, sin rendiciones ni treguas. A. Goytisolo, pertenece a la llamada generación de medio siglo o de los 60. Incluye el soneto que hoy mencionamos en su segundo libro titulado «Sin promesa, con conocimiento», publicado en 1961.

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Esta obra ejemplariza la poesía que se seguirá en la década de los 60, caracterizada por el rechazo a los elementos de poesía popular y por un retorno a la intimidad personal del poeta. «El sacerdote Amalio nos impulsa a todos para “que la vida no me viva”, sino yo la viva consciente y agradecidamente en cada acontecimiento». Asimismo son paralelísticos los dos versos finales, muy próximos al quiasmo, que rematan la construcción del soneto como un todo indivisible. De ellos se desprende la afirmación de fe en la vida por parte de Ángel González al quedar cambiada la disyunción antitética «nunca o amor», abierta a la esperanza, en la coordinación «jamás o llanto», que excluye la posibilidad de ser feliz. En una primera lectura se puede ver ahora la apasionada afirmación vital del poeta.

De esta manera lo vivió Amalio en los últimos tiempos de su extendida vida en la vivienda de El Buen Samaritano de Churriana. A todas las que trabajáis allí, les agradezco honestamente los cuidados, la atención, el cariño con que lo habéis acogido. Descanse en paz nuestro querido amigo y hermano.